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Jueves, 13 de diciembre 2018

Análisis económico

Advierten que el problema del precio de los combustibles no es el crudo, sino el Estado Nacional

El Abogado especialista en Derecho Tributario y asesor de empresas de combustibles, Dr. Marcelo Saleme Murad, brindó su mirada sobre la realidad del combustible en la Argentina y la región.

Por Surtidores

La recurrente suba de los precios en el surtidor, que acumularon de diciembre 2017 a diciembre 2018 un aumento de más del 70 por ciento, fue analizada por el Abogado especialista en Derecho Tributario y asesor de empresas de combustibles, Dr. Marcelo Saleme Murad

P.: ¿Qué opinión le merece la noticia aparecida en medios de Chile, que reflejan que en este año ese país tuvo 0 por ciento de inflación y además bajaron allí los combustibles?

R.: Que no es ninguna sorpresa. Y no sólo en Chile, en cualquier país civilizado pasa lo mismo. 

P.: ¿Y a qué se debe que en Argentina la nafta siempre aumenta? Ud. ya se había manifestado al respecto, y había anticipado que las reformas impositivas no iban a dar resultado. ¿Nos puede sintetizar las causas?

R.: Tal como dijimos en artículos anteriores publicó www.surtidores.com.ar, el precio del combustible en Argentina tiene varios factores esenciales:

1.- La presión Tributaria

2.- La inflación

3.- El tipo de cambio

4.- El costo argentino

5.- El precio internacional del petróleo

Verá que en último lugar coloqué el precio internacional del petróleo. Y es fácil de entender, porque en 2018 el precio del barril que fija la OPEP, que representa el 50 por ciento del petróleo mundial, bajó desde U$S 66 en Enero 2018 a U$S 59 al 10 de Diciembre de 2018. Es decir, una baja cercana al 10 por ciento. Pero eso no se reflejó en los surtidores argentinos, aunque sí en economías sanas como la de Chile.

El problema del combustible argentino no es el petróleo, es el Estado argentino. Así, aunque tengamos diez yacimientos como el de Vaca Muerta, siempre vamos a tener combustible caro, porque el Estado se encarga de llevarse todo: la rentabilidad de las empresas que producen, de las que comercializan, y convertir al surtidor en una sucursal de la AFIP, haciendo que el consumidor argentino pague los platos rotos de políticas económicas y sociales desastrosas. Y lo más llamativo es que, más allá de que éste Gobierno no comete la cantidad de desastres del anterior en materia energética; no obstante en materia fiscal es igual que los peores. No hablo de otros aspectos del Gobierno, me limito a su política fiscal y económica, aclaro. Y como no le alcanza, también devalúa el peso, llevándose los ahorros de los ciudadanos. Esto pasa desde 1945 a la fecha, sin variaciones de ninguna especie; algunos períodos más largos de estabilidad, otros más cortos, pero al final, siempre la misma política.

P.: Pero el Gobierno anunció el cambio en el ITC como un adelanto hacia la baja de la presión fiscal en los combustibles. Ud. había mencionado cuando eso se publicó, que el efecto que se decía no iba a producirse, y en efecto no se produjo ¿por qué?

R.: Porque se quiso vender como una rebaja impositiva lo que sólo fue un despegue del precio del combustible en dólares. Lo que hicieron fue transformar en una suma fija, actualizable por inflación, el valor del ITC, despegándolo así del cálculo anterior que era una  alícuota. Pero es muy obvio que con la inflación Argentina, el impuesto no sólo no iba a bajar, sino que iba a subir, incluso neutralizando las posibles bajas en el petróleo; porque la inflación va siempre detrás de la suba del tipo de cambio. Era obvio que lo único que se producía era un “delay” en la suba del impuesto, pero no una baja; o por lo menos, no una baja significativa. Y eso pasó, como le digo: el petróleo bajó en el año, mientras que el impuesto sobre los combustibles subirá casi un 50 por ciento, conforme la inflación del período. Finalmente, la brutal devaluación del signo monetario arrastró la inflación, y ésta a todos los precios y costos de la economía. Además, el propio Estado había consagrado el cobro de tarifas en dólares. No es muy difícil de decir entonces que es el Estado el que causa todo el desastre.

P: ¿Y a qué atribuye tanta carga fiscal en los combustibles?

R.: Es muy sencillo de contestar: si Ud. no paga el impuesto, no puede cargar nafta, porque se lo incluyen en el precio. Así, es un método muy compulsivo y nefasto de recaudar; que conculca los derechos más esenciales, como el de circular utilizando un medio de transporte. Es decir: los gobiernos argentinos le cobran una cantidad realmente escandalosa de impuestos, para sostener al Estado y toda su molicie y corrupción, a costa de no permitirle a Ud. circular. Es verdaderamente escandaloso lo que pasa en nuestro país, no creo que en el mundo suceda algo así, salvo en los dos o tres países comunistas que quedan todavía. Le diría que el estacionero es el más fiel empleado de AFIP que existe, y además le trabaja gratis.

Lo más llamativo es que ningún gobierno, de cualquier signo que fuera, le deja de meter la mano en el bolsillo al consumidor argentino. Se han enamorado de éste método nefasto, que además significa un grave escollo para la economía; en un país esencialmente carretero y agrícola; donde dependemos para producir del transporte por medios automotores y de la producción agropecuaria en la cual el gasoil es esencial. Es indignante, pero es así.

Eso le explica que, aunque tengamos más reservas de petróleo que la mayoría de los países del mundo, y aunque tengamos el segundo yacimiento de gas del mundo, eso no implica beneficio para el ciudadano argentino; sino sólo para el Estado.

Lo mismo pasa con la renta agropecuaria: se la lleva el Estado.

P: ¿Cuál le parece que es la solución?

R.: Hay que cambiar de filosofía política y volver a la que facilitó que la Argentina fuera hace un siglo uno de los países más ricos del mundo. En los países comunistas, el Estado se apropia de la renta y del título de propiedad. En los países socialistas, como la Argentina, el Estado es más hipócrita: le hace creer a Ud. que es el dueño porque le deja el título de propiedad, pero se queda con la renta. Trabajamos para el Estado. Y aquí cambian los signos políticos, pero son todos socialistas, algunos más y otros menos. Mientras no cambiemos eso, no habrá ninguna solución.

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